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Después de haber pasado más de 20 años desde el inicio del siglo XXI, vemos cómo han cambiado muchas cosas para las mujeres y cómo otras siguen casi igual. Una de las que nunca cambia es el importantísimo papel que cumplimos como gestoras de vida, y con este, el hecho de ser las encargadas del cuidado, protección y sustento de los nuevos seres humanos que vienen al mundo y que harán parte del futuro de nuestro planeta. Así que somos, en definitiva, las encargadas de dar vida y de sostenerla. Pero no me refiero únicamente al hecho de ser quienes gestamos y parimos a nuestros hijos, sino, a ser una de las principales referencias de humanidad en sus primeros años de vida. Por esta razón, considero que es un verdadero acto de valentía tomar la decisión de convertirnos en mamás, pues sugiere una gran responsabilidad y, en ocasiones, requiere que dejemos en stanby algunos de nuestros proyectos personales y, sobre todo, laborales.

Por años, hemos visto el papel de la madre estrechamente relacionado con el sacrificio y la entrega total. Saber que la supervivencia de nuestros hijos depende de nosotras en sus primeros años, requiere un alto grado de compromiso y un inmenso e incondicional AMOR por ellos. Por todo esto, antes de entrar en materia en este artículo, quiero destacar, agradecer y honrar a todas aquellas mujeres, entre ellas me incluyo, que han decidido convertirse en mamás y entregar todo su amor, cuidado y protección.

Ahora bien, si seguimos hablando de lo que ha cambiado y lo que ha permanecido desde el siglo pasado, vemos que, cada vez es más importante para las mujeres ser profesionales y contribuir a la humanidad a través de su trabajo. Está claro que el antiguo modelo de madre ha venido cambiando en las últimas décadas y hemos pasado de estar en casa dedicadas 100% a la crianza de los hijos y al cuidado del hogar, a trabajar fuera de casa y, en ocasiones, delegar el cuidado de los pequeños. Y aunque aplaudo este hecho por el gran esfuerzo que sugiere, también he de admitir que se trara de un modelo de crianza y un estilo de vida agotador, por lo menos de la forma como yo lo he vivido y como lo viven muchas mujeres más.

Con agotador me refiero al hecho de llevar adelante tantos roles y responsabilidades, en casa, en la crianza de los hijos, en el trabajo, en el estudio, etc. Además, considero indispensable destacar las consecuencias de esta sobre carga, tanto en nuestros hijos como en nosotras mismas. Una de las dos principales razones que me han movido a hablar y trabajar sobre el equilibrio entre maternidad y trabajo, ha sido mi experiencia laboral con adolescentes y jóvenes que han vivido las consecuencias de no tener a sus padres presentes la mayor parte del tiempo, debido a sus compromisos laborales. Consecuencias que, a la larga, debemos asumir las madres y que genera una gran preocupación y temor por el futuro de nuestros hijos. La segunda razón es haber vivido en carne propia el hecho de experimentar angustia y frustración al pasar más de 8 horas fuera de casa, dejando a mi hijo pequeño al cuidado de otros.

Como lo mencioné anteriormente, resulta agotador llevar a cabo ambos roles, maternidad y trabajo, pero, además, afecta nuestra valía personal al no tener fácil el hecho de seguir desarrollándonos a nivel personal, profesional, laboral, financiero, etc. Por ejemplo, cuando decidimos dejar el trabajo para dedicarnos completamente a la crianza de nuestros hijos.

No es mi interés ser fatalista, pero, por donde se mire, las mujeres no lo tenemos fácil, o por lo menos no la mayoría, no perece sencillo encontrar ese equilibrio entre ser madres y seguir siendo mujeres trabajadoras e independientes financieramente. Con riesgo a equivocarme, debo decir que no se nos facilita debido, principalmente, a las condiciones laborales que tenemos al alcance.

Afortunadamente, hoy en día tenemos la posibilidad de ampliar nuestra mente y crear nuevas oportunidades. Y es aquí donde quiero destacar algunos de los importantes cambios que hemos vivido en las últimas décadas y que nos permite a las mujeres, seguir avanzando profesional y laboralmente, sin tener que sacrificar el deseo de ser madres presentes. Uno de ellos es la igualdad de derechos; es decir, el tener las mismas posibilidades que los hombres de educación, trabajo, participación, decisión, etc. (desafortunadamente estos derechos no se cumplen en todo el mundo, pero sí en una gran proporción). El segundo que quiero mencionar, es el acceso a la información. Cada vez existen más espacios informativos, formativos y prácticos, tanto presenciales como virtuales. Con el avance en las tecnologías y en internet, tenemos a nuestro alcance contenido diverso y de fácil acceso.

Con todo esto, está claro que, para lograr el tan anhelado equilibrio entre maternidad y trabajo, no es estrictamente indispensable que realicemos un trabajo que implique estar lejos de casa la mayor parte del día. Así que, una de las opciones más viables es el emprendimiento, ya que tiene la posibilidad de hacerse, por ejemplo, desde casa.

Aquí me gustaría mencionar algunas de las ventajas de emprender desde casa para las mamás:

  • No tienes que cumplir un horario pre-establecido
  • No tienes que desplazarte grandes distancias
  • No tienes que hacer lo que otros te dicen
  • Estás más presente en la vida de tus hijos

No quiero decir con esto que al emprender ya esté solucionado el tema del equilibrio entre maternidad y trabajo, pues es necesario realizar un análisis previo con el fin de tener mayor claridad a la hora de emprender y, por tanto, lograr mayor éxito. Además, también existen diversos modelos de emprendimiento y no siempre resulta tan sencillo, gratificante o, incluso, positivo. Por eso para mí es indispensable hablarte con claridad acerca del modelo que considero, te permite lograr el equilibrio antes mencionado.

Se trata entonces de la posibilidad de emprender desde tu propia historia personal y laboral. Es decir, tomando tus conocimientos, vivencias y fortalezas, para crear un negocio único basado en el servicio. De esta manera, lo que te va a permitir emprender con éxito y bajo tus propios términos es, primero, identificar los recursos con los que ya cuentas, en tu interior y a tu alrededor; y, segundo, conectar con tu esencia única. Será ésta la que va a hacer posible que pongas al servicio de la humanidad todo tu bagaje, el cual has adquirido tanto en tus anteriores experiencias laborales y en tu formación, como en tu camino por la vida. El reconocernos únicas nos da la posibilidad de emprender de forma única, y para esto no es necesario salir de casa.

Así que, si te encuentras inconforme con tu situación laboral actual o no sientes que tienes equilibrio entre maternidad y trabajo y es lo que anhelas, puedes empezar hoy a identificar la posibilidad de emprender. Para ello, quiero proponerte un sencillo ejercicio que te dará la posibilidad de reconocer tus fortalezas y tus posibilidades.

Se trata de hacer una lista de todos tus recursos. Incluye todo lo que tienes a tu favor, tanto internos como externos, por ejemplo, conocimientos, habilidades, cualidades; recursos materiales como dinero, internet, tecnología, etc.; otros como tus relaciones, contactos, entidades y demás. Una vez hayas hecho esta lista, piensa en todas las posibilidades que se te ocurran de emprendimiento, pero no pongas límites a tu imaginación, no importa si ves estas posibilidades como viables o no, escribe todo lo que se te ocurra.

Comparte en los comentarios que ha surgido de este ejercicio y cuéntame también cómo te sientes al realizarlo.

Y si quieres conocer más acerca del emprendimiento, subscríbete a mi boletín semanal «Mamá Emprendedora» donde cada lunes te compartiré información y herramientas para compaginar con equilibrio tu emprendimiento y tu rol como mamá. Además, al subscribirte accederás a un regalo muy especial que he creado para seguirte apoyando en el camino.

Con amor,

Diana Ballesteros – Coach de Transformación